En un gesto político de fuerte impacto simbólico, el presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Jorge Rodríguez, pidió perdón por las detenciones de presos políticos ocurridas a lo largo de los años de gobiernos chavistas y llamó a iniciar un proceso de reconciliación nacional. El pronunciamiento se dio durante una sesión parlamentaria en la que se aprobó por unanimidad la primera discusión de un proyecto de ley de amnistía general que abarca casi tres décadas de vida política del país.
“Nosotros pedimos perdón y tenemos que perdonar también”, expresó Rodríguez desde el recinto legislativo, en un discurso que marcó un quiebre en el tono histórico del oficialismo frente a las detenciones vinculadas a la conflictividad política. Las palabras fueron pronunciadas en el marco del debate de la denominada Ley de amnistía para la convivencia democrática, una iniciativa impulsada por el actual gobierno interino.
El planteo de Rodríguez se produjo en un contexto político atravesado por cambios profundos, a poco más de un mes de la captura de Nicolás Maduro y en medio de una reconfiguración institucional que busca abrir canales de diálogo tras años de confrontación. El proyecto de amnistía, que aún deberá atravesar una segunda discusión parlamentaria, apunta a cerrar causas judiciales iniciadas entre 1999 y 2026 vinculadas a delitos políticos.
Durante su intervención, el titular del Parlamento fue explícito al reconocer que las detenciones no forman parte de una visión deseable de la política. “Lo digo con claridad: a mí no me gustan los presos”, afirmó, al tiempo que admitió que en determinados momentos fueron justificados por el contexto legal o la coyuntura social, aunque sin dejar de señalar el peso que tuvieron sobre la convivencia democrática.
Rodríguez también recurrió a una evocación del pasado reciente al recordar al expresidente Hugo Chávez y su actitud tras el intento de golpe de Estado de 2002. Según señaló, Chávez había pedido perdón y había optado por el perdón como camino político, una referencia que buscó enmarcar el actual debate dentro de una tradición discursiva del chavismo, aunque con una carga autocrítica poco habitual.
En otro pasaje de su discurso, Rodríguez relató una anécdota personal para reforzar su postura contra el encarcelamiento como herramienta política. Contó que en una oportunidad Chávez le ofreció ocupar el Ministerio del Interior, pero desistió de hacerlo al considerar que su inclinación a liberar detenidos generaría un “desaguisado”, incluso entre presos comunes. La mención generó risas y aplausos en el recinto, que acompañaron gran parte de su exposición.
El proyecto de ley fue aprobado por unanimidad en su primera instancia, lo que reflejó un consenso político amplio para avanzar en el debate. Tras la votación, Rodríguez anunció la conformación de una comisión especial que tendrá a su cargo un proceso de consultas antes de la segunda discusión, aún sin fecha definida. La iniciativa busca sentar las bases legales para un nuevo escenario político, con menor judicialización de la disputa partidaria.
La propuesta de amnistía excluye expresamente las violaciones graves a los derechos humanos y los crímenes de lesa humanidad, un punto que fue subrayado durante la sesión para marcar límites claros al alcance de la norma. En cambio, contempla la extinción de causas y condenas vinculadas a figuras penales como traición a la patria, terrorismo e instigación al odio, delitos que durante años fueron utilizados en causas contra dirigentes opositores y activistas.
Uno de los aspectos centrales del proyecto es la revocación de inhabilitaciones políticas impuestas en el período comprendido por la ley. El texto establece que quedarán sin efecto aquellas sanciones administrativas aplicadas a funcionarios públicos cuando no se haya comprobado la existencia de hechos de corrupción o cuando se trate de irregularidades subsanables. Esta disposición podría reconfigurar el escenario electoral y ampliar la participación política.
La ley de amnistía es presentada como una herramienta para restablecer derechos políticos y promover la convivencia democrática, en un país atravesado por largos años de polarización, persecuciones judiciales y conflictividad institucional. Desde el oficialismo, el mensaje busca instalar la idea de un cierre de etapa y de un nuevo comienzo, con señales de distensión hacia sectores históricamente enfrentados.
El pedido de perdón formulado por Rodríguez fue recibido con aplausos por parte de los legisladores presentes, un dato que refuerza el carácter excepcional del momento. No es habitual que desde las máximas autoridades del chavismo se reconozca públicamente el impacto de las detenciones políticas, lo que convierte al discurso en un hecho político relevante más allá del trámite legislativo.
A partir de ahora, el debate se trasladará al trabajo de la comisión designada, que deberá recoger aportes y observaciones antes de la segunda discusión. Mientras tanto, el gesto de pedir perdón y avanzar con una amnistía general ya dejó una señal clara en la escena política venezolana: la posibilidad de ensayar un camino distinto, con menos presos y más política.