El Gobierno nacional volvió a registrar un superávit fiscal en septiembre, con un resultado primario de $1,42 billones y un saldo financiero positivo de $977.173 millones, luego de pagar los intereses de la deuda. El resultado fue celebrado por el ministro de Economía, Luis Caputo, mientras la administración de Javier Milei mantiene el ajuste como eje de su programa económico.
Los ingresos del Sector Público Nacional crecieron un 36,5% interanual, frente a una suba del 32,2% del gasto primario. Sin embargo, al descontar la inflación, las erogaciones registraron una caída real del 0,9% respecto del mismo mes de 2025.
Durante septiembre, los ingresos totales alcanzaron los $15,88 billones, mientras que el gasto primario llegó a $14,45 billones. Dentro de los recursos, la recaudación tributaria aumentó un 37,2% interanual.
Entre los principales gastos se destacaron las prestaciones sociales, que sumaron $9,09 billones, con una suba del 29,9%. Las remuneraciones del sector público totalizaron $1,66 billones, mientras que las transferencias corrientes alcanzaron los $4,38 billones.
En este último rubro, las partidas destinadas a las universidades registraron un incremento interanual del 42,4%.
Los subsidios económicos también mostraron aumentos y sumaron $1,25 billones. Dentro de ese conjunto, los subsidios energéticos crecieron un 44,1% respecto de septiembre del año anterior.
Por su parte, el gasto de capital, destinado a inversiones y obras públicas, llegó a $561.025 millones. Entre los desembolsos se incluyeron partidas para el área de Defensa y trabajos vinculados con el complejo hidroeléctrico La Barrancosa-Cóndor Cliff.
Pese al resultado positivo, el desafío oficial será sostener el equilibrio de las cuentas públicas durante los últimos meses del año. El Fondo Monetario Internacional fijó para 2026 una meta de superávit primario equivalente al 1,4% del Producto Bruto Interno (PBI), lo que exige mantener la disciplina fiscal.
El superávit primario refleja la diferencia entre los ingresos y los gastos del Estado antes de pagar los intereses de la deuda. El resultado financiero, en cambio, contempla también esos compromisos y permite medir el saldo final de las cuentas públicas.