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FUERTES DISTURBIOS

Fuerte cruce político tras los disturbios en el Congreso

El Gobierno habló de “delincuentes organizados” y apuntó contra los sectores que impulsaron la protesta.

Fuerte cruce político tras los disturbios en el Congreso

La discusión por la reforma laboral sumó un nuevo capítulo de tensión este miércoles, cuando una serie de incidentes se desató en las inmediaciones del Congreso de la Nación en medio del debate en el Senado. Manifestantes que se movilizaron en rechazo al proyecto protagonizaron empujones, forcejeos y la caída de vallas dispuestas por las fuerzas de seguridad, en una jornada atravesada por un fuerte cruce político.

Desde el oficialismo nacional calificaron los hechos como acciones protagonizadas por “delincuentes organizados” y endurecieron el discurso frente a lo que consideran maniobras destinadas a generar desorden en la vía pública mientras se desarrolla el tratamiento legislativo de una iniciativa clave para el Gobierno de Javier Milei.

La movilización coincidió con una sesión caliente en la Cámara Alta, donde la reforma laboral se debate en un escenario de paridad y con posturas enfrentadas. El proyecto, que impulsa cambios profundos en las condiciones de contratación, indemnizaciones y regulación sindical, es resistido por el peronismo y por centrales obreras como la CGT y las dos CTA, que ya habían anticipado su rechazo.

En las afueras del Congreso, columnas de organizaciones de izquierda y agrupaciones sociales acompañaron el reclamo de jubilados y trabajadores que expresaron su preocupación por el impacto que podría tener la reforma en el empleo y los derechos laborales. En ese contexto, parte de los manifestantes avanzó sobre el vallado de seguridad, lo que derivó en momentos de tensión con las fuerzas federales desplegadas en la zona.

El presidente Javier Milei se pronunció a través de sus redes sociales con un mensaje crítico hacia quienes cuestionan las formas del oficialismo y defendió la postura del Ejecutivo frente a las protestas. En la misma línea, referentes del espacio libertario reforzaron la idea de que los incidentes no responden a una manifestación espontánea sino a una estrategia organizada para presionar al Congreso.

El ministro del Interior, Diego Santilli, también utilizó sus redes para marcar posición y sostuvo que los disturbios forman parte de prácticas que, según el Gobierno, buscan sostener privilegios y frenar cambios estructurales. Desde el oficialismo insisten en que la reforma laboral apunta a modernizar el sistema, reducir la litigiosidad y fomentar la creación de empleo formal en Argentina.

Patricia Bullrich, referente del bloque libertario en el Senado, se sumó a las críticas y planteó que el ámbito para dar la discusión es el Congreso y no la calle. En su mensaje, remarcó que el orden público debe resguardarse y que la violencia no puede ser el mecanismo para condicionar el debate democrático.

El operativo de seguridad se mantuvo activo durante toda la tarde, con un despliegue destinado a evitar que los incidentes escalaran. Si bien hubo momentos de tensión y corridas aisladas, el foco principal siguió puesto en el recinto, donde el tratamiento de la reforma laboral concentra la atención política y económica del país.

La iniciativa oficial propone modificaciones en los regímenes de contratación, un esquema de fondo de cese laboral alternativo a la indemnización tradicional y cambios en la regulación de conflictos laborales. Para el Gobierno, se trata de herramientas necesarias para dinamizar el mercado de trabajo, atraer inversiones y reducir la informalidad que afecta a millones de argentinos.

Del otro lado, los sectores opositores advierten que la reforma implica una pérdida de derechos adquiridos y un debilitamiento de la protección al trabajador. Las centrales sindicales sostienen que el proyecto favorece a los empleadores y precariza las condiciones laborales, en un contexto económico complejo marcado por inflación, caída del consumo y ajuste fiscal.

El clima en las calles y dentro del Congreso refleja la profundidad de la disputa. La reforma laboral se convirtió en uno de los ejes centrales de la agenda política nacional y su tratamiento expone las diferencias de fondo sobre el modelo económico y social que se busca consolidar en Argentina.

Mientras tanto, el Gobierno ratifica su decisión de avanzar con el paquete de reformas estructurales y endurece su postura frente a las protestas que, según su visión, intentan frenar el cambio. En paralelo, los gremios y organizaciones sociales anticipan que mantendrán el plan de lucha si el proyecto avanza sin modificaciones sustanciales.

La jornada dejó en claro que la discusión por la reforma laboral no se limita al ámbito parlamentario. Afuera, en la calle, se expresa el malestar de sectores que temen por su situación laboral y previsional; adentro, en el recinto, se libra una batalla política que puede redefinir el marco de las relaciones laborales en el país.

Con un Congreso blindado y una sesión cargada de tensión, el debate continúa bajo la mirada atenta de oficialismo y oposición, en un escenario donde cada voto cuenta y donde el conflicto social vuelve a cruzarse con la agenda legislativa. La definición del proyecto marcará no solo el rumbo del mercado laboral argentino, sino también el tono de la confrontación política en los próximos meses.

 


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