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Industria en crisis

Una histórica textil cerró y profundiza el ajuste industrial

El cierre definitivo de una empresa con más de cien años de historia expuso el deterioro del sector textil, atravesado por la caída del consumo, el aumento de costos y la presión de las importaciones.

Una histórica textil cerró y profundiza el ajuste industrial

La industria textil argentina atraviesa uno de sus momentos más delicados de las últimas décadas. En las últimas horas, el cierre definitivo de la empresa Emilio Alal, con plantas en Corrientes y Chaco, volvió a encender las alarmas en un sector que no logra salir de la recesión. La decisión dejó sin trabajo a más de 260 operarios y confirmó una tendencia que se repite en distintas provincias del país.

Con más de un siglo de trayectoria, la firma comunicó a su personal que el escenario actual se volvió “inviable”. La combinación de una fuerte apertura de importaciones de productos terminados —incluidos usados—, el incremento sostenido de los costos energéticos y una estructura impositiva elevada terminó por erosionar la competitividad de la producción nacional frente a la mercadería del exterior.

El cierre no aparece como un hecho aislado, sino como parte de un proceso de contracción que golpea con fuerza a las economías regionales. En Misiones, el Grupo Dass, encargado de fabricar calzado deportivo para marcas internacionales como Nike, Adidas y Fila, avanzó con la desvinculación de 43 trabajadores en su planta de Eldorado. La empresa reconoció que solo tiene producción asegurada hasta mitad de año, lo que abre un manto de incertidumbre sobre la continuidad de la actividad.

La situación también es crítica en Tucumán, donde la textil TN & Platex cerró por tiempo indeterminado su planta de Los Gutiérrez. Aunque la firma analiza alternativas para reubicar a los casi 190 operarios afectados, la falta de pedidos en el mercado interno y la caída del consumo ponen en duda cualquier horizonte de reactivación en el corto plazo.

El ajuste no se limita al interior del país. En el área metropolitana, la empresa Eseka S.A., dedicada a la producción de lencería y proveedora de marcas reconocidas, redujo su plantel en 140 trabajadores durante los últimos dos meses. El conflicto escaló en las puertas de la fábrica, con protestas por atrasos en el pago de salarios, aguinaldos y vacaciones, que derivaron en la intervención policial.

Los números del sector reflejan con claridad la magnitud de la crisis. La actividad textil registró una caída interanual del 24%, muy por encima del promedio general de la industria. La capacidad instalada opera apenas por encima del 30%, lo que implica que la mayoría de las máquinas permanece parada. A esto se suma una fuerte pérdida de empleo formal: desde fines de 2023 se destruyeron más de 16.000 puestos de trabajo, con miles de familias afectadas de manera directa.

Empresarios del rubro advierten que el escenario se volvió insostenible para las pequeñas y medianas empresas, que enfrentan tasas de financiamiento elevadas, tarifas de luz y gas en alza y un consumo interno que no logra recuperarse. Sin señales claras de reactivación ni medidas que alivien los costos, el sector textil queda atrapado en un callejón sin salida.

Mientras tanto, cada nuevo cierre profundiza el impacto social y económico en regiones donde la industria textil cumple un rol clave como generadora de empleo. La incertidumbre domina el panorama y el temor a que la sangría continúe crece semana a semana en un sector que supo ser uno de los motores del trabajo industrial en la Argentina.

 


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