El papa León XIV no visitará los Estados Unidos durante 2026. Así lo confirmó la Oficina de Prensa del Vaticano, que descartó de manera categórica las versiones periodísticas que en los últimos días habían instalado la posibilidad de un viaje del pontífice a su país de nacimiento.
La aclaración oficial buscó poner fin a una serie de especulaciones que circularon principalmente en medios europeos, donde se mencionaban distintos escenarios que podrían haber motivado una visita papal. Desde la Santa Sede, sin embargo, aseguraron que no existe ningún desplazamiento programado a territorio estadounidense en la agenda del Papa para este año.
Una de las hipótesis más repetidas señalaba que León XIV podría participar en septiembre de la Asamblea General de las Naciones Unidas, en Nueva York, siguiendo el antecedente de otros pontífices que utilizaron ese ámbito para pronunciar mensajes de alcance global. Esa posibilidad también fue desestimada por el Vaticano, que negó cualquier planificación en ese sentido.
Otra versión vinculaba el eventual viaje con la conmemoración de los 250 años de la independencia de los Estados Unidos, prevista para el próximo 4 de julio. El carácter simbólico de la fecha y el hecho de que León XIV haya nacido en Chicago alimentaron las expectativas, aunque desde Roma dejaron en claro que esa alternativa tampoco está en evaluación.
Más allá de la negativa oficial, lo cierto es que el Papa cuenta con una invitación formal para visitar los Estados Unidos. La misma fue cursada por el vicepresidente JD Vance, dirigente del actual gobierno norteamericano y miembro de la Iglesia Católica Apostólica Romana. La invitación fue entregada mediante una carta durante una reunión en el Vaticano, de la que también participó el secretario de Estado, Marco Rubio.
Pese a ese gesto diplomático, una eventual visita papal aparece condicionada por un vínculo atravesado por tensiones políticas y diferencias de fondo. En los últimos años, el Vaticano mantuvo una postura crítica frente a distintas decisiones del gobierno estadounidense, en especial en materia de política migratoria y relaciones internacionales.
León XIV fue particularmente explícito en sus cuestionamientos. El pontífice calificó como “inhumano” el trato dispensado a los migrantes y alentó a los obispos estadounidenses a manifestarse públicamente frente a las políticas impulsadas por la administración de Donald Trump. Estas definiciones marcaron un punto de fricción en la relación entre Washington y la Santa Sede.
A ese escenario se suma un contexto global complejo, con conflictos armados, crisis humanitarias y fuertes tensiones geopolíticas, que inciden en la planificación de los viajes papales. Desde el Vaticano sostienen que las prioridades del pontífice están puestas en regiones especialmente golpeadas por la pobreza, la violencia y la exclusión.
Desde su elección como jefe de la Iglesia Católica, el 8 de mayo de 2025, León XIV realizó hasta ahora un solo viaje internacional. A fines del año pasado visitó Turquía y Líbano, en una gira marcada por el diálogo interreligioso y el acompañamiento a comunidades afectadas por la inestabilidad regional.
En cuanto a los próximos destinos, el propio Papa adelantó que su futura agenda internacional tendrá como eje al continente africano, aunque sin precisar fechas ni países. La intención, según se desprende de sus mensajes recientes, es reforzar la presencia de la Iglesia en zonas atravesadas por conflictos prolongados y profundas desigualdades sociales.
Por ahora, la postura oficial es clara: no habrá visita a los Estados Unidos en 2026. Mientras tanto, las invitaciones quedan en suspenso y la agenda papal continúa enfocada en otros escenarios, lejos de su país natal y sin señales de un viaje a corto plazo.