Un nuevo episodio de tensión política se trasladó esta semana a las redes sociales, donde el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y el expresidente Alberto Fernández protagonizaron un cruce verbal que rápidamente escaló del plano económico al personal. El intercambio se dio en el marco de la controversia entre el Gobierno nacional y el Grupo Techint, luego de que la empresa argentina quedara fuera de una licitación internacional para la provisión de tubos de acero, adjudicada a una firma extranjera.
El disparador fue una publicación de Fernández en la red social X, donde compartió un fragmento de un video de archivo en el que defendía a Techint, remarcando su peso en la generación de empleo. Junto a la imagen, el exmandatario escribió que su postura no apuntaba a defender empresarios, sino a sostener la industria nacional y el trabajo argentino, un mensaje que buscó diferenciarse de las críticas que recibió en su momento por su vínculo con el sector privado.
Lejos de quedar ahí, Fernández profundizó su postura con un nuevo mensaje en el que cuestionó la actual política económica. En ese texto, enumeró el cierre de empresas, el aumento del desempleo y la inflación, y lanzó una crítica directa al Gobierno por, según su mirada, minimizar indicadores negativos mientras se celebra una baja mensual de precios. Ese planteo fue interpretado como una provocación directa hacia la gestión libertaria.
La respuesta desde el oficialismo no tardó en llegar. Adorni reaccionó con un escueto mensaje compuesto por signos de interrogación, dando a entender que no comprendía —o cuestionaba— los dichos del expresidente. Ese gesto, lejos de descomprimir la situación, abrió la puerta a una nueva intervención de Fernández, quien redobló la apuesta con ironía y descalificaciones personales, incluyendo un apodo despectivo y acusaciones de tergiversar sus palabras para acomodarlas al relato oficial.
A partir de allí, el intercambio tomó un tono más áspero. Adorni respondió con un extenso mensaje cargado de sarcasmo, en el que aludió de manera directa a una causa judicial por violencia de género que involucra al expresidente. También hizo referencia a una intervención estética personal y vinculó esa situación con las restricciones sanitarias implementadas durante la pandemia de Covid-19, responsabilizando a Fernández por las decisiones tomadas en aquel contexto.
El jefe de Gabinete aprovechó además para cuestionar el legado de la gestión anterior, a la que calificó como la peor de la historia reciente, y cerró su mensaje con una frase de fuerte contenido político y personal. La publicación generó una inmediata repercusión, tanto por el tono empleado como por la sensibilidad de los temas mencionados.
Fernández no dejó pasar el ataque y respondió con la publicación de una captura de un antiguo mensaje de Adorni fechado en marzo de 2020, en pleno inicio de la pandemia. En ese tuit, el entonces comunicador apoyaba el cumplimiento estricto de la cuarentena ante el avance del coronavirus en el mundo. El expresidente utilizó ese archivo para remarcar lo que consideró una contradicción discursiva y devolver la chicana con una nueva referencia personal.
El cierre del intercambio incluyó una frase irónica y una exhortación a que el funcionario se enfoque en la inflación, uno de los principales problemas económicos del país y eje central del debate público actual. Con eso, Fernández dio por terminado un cruce que ya había captado la atención de dirigentes, analistas y usuarios de redes sociales.
Más allá de los estilos y las descalificaciones, la discusión dejó expuesta una disputa de fondo sobre el rol del Estado, la defensa de la industria nacional y la estrategia económica del Gobierno. La licitación perdida por Techint funcionó como catalizador de un debate más amplio que atraviesa a la política argentina: cómo equilibrar apertura, competitividad y protección del empleo local en un contexto de ajuste y reordenamiento económico.
El episodio también volvió a poner en foco el uso de las redes sociales como escenario privilegiado de la confrontación política. Mensajes breves, ironías y archivos del pasado se combinaron en una dinámica que ya es habitual en la dirigencia nacional, donde las discusiones se dan en tiempo real y con escaso margen para la moderación.
Mientras tanto, el cruce entre Adorni y Fernández sumó un nuevo capítulo a la larga lista de enfrentamientos virtuales que reflejan la polarización persistente y la dificultad de encauzar los debates económicos y políticos por canales institucionales. En un clima marcado por la tensión social y la incertidumbre, las redes volvieron a ser el espejo de una discusión que excede largamente a sus protagonistas.