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Elecciones 2027

La trampa del "Peronismo": atados al pasado y divididos en el presente, despejan el camino a la reelección de Milei

Sin acuerdos reales ni renovación, los enfrentamientos cruzados dentro del justicialismo convierten cada intento de unidad en una foto de ocasión que beneficia al Presidente.

La trampa del "Peronismo": atados al pasado y divididos en el presente, despejan el camino a la reelección de Milei

La foto de la reunión entre Axel Kicillof, Sergio Massa, Máximo Kirchner y otros pesos pesados del justicialismo pretendió vender una imagen de unidad.

Después de meses de internas feroces, pelearse a muerte y mirarse de reojo, se sentaron en la misma mesa. Como si el simple hecho de compartir unas horas bastara para borrar el pasado. Pero la realidad es otra: el peronismo sigue perdido, atado al ala de Cristina Kirchner, una figura que resta más de lo que suma, y repitiendo los mismos hits de siempre que la sociedad argentina ya no está dispuesta a comprar.

La cumbre fue presentada como un oasis en el desierto. Después de tantos conflictos que ya nadie entiende del todo, lograron demostrar que todavía pueden juntarse antes de que el agua les llegue al cuello. Nadie quiere ir solo a las elecciones. Todos coinciden en que hay que buscar alguna forma de ordenarse, ya sea por consenso, por PASO o por una interna partidaria. Eso, en teoría, suena a buena noticia para una oposición que necesita mostrar algo de coherencia de cara a 2027. En la práctica, sin embargo, lo que se ve es una fuerza política llena de interrogantes sin respuesta y de desconfianzas que no se disimulan ni con un abrazo forzado.

Las preguntas siguen abiertas y son las mismas de siempre. ¿Van a resolver las diferencias en unas primarias o se van a pelear en una interna abierta? ¿Habrá algún encuentro real entre Kicillof y Cristina Kirchner en los próximos meses? ¿Cómo se acomodará la relación entre los Kirchner y el gobernador bonaerense? ¿Lograrán armar una estrategia común para las provincias que desdoblan elecciones? ¿Negociarán de verdad con los partidos provinciales de Córdoba o Misiones? ¿Volverán los gobernadores de Salta, Tucumán y Catamarca, que en los últimos tiempos se acomodaron como aliados tácticos de Milei? Nadie tiene respuestas claras. Y lo peor es que tampoco parecen tener demasiadas ganas de encontrarlas.

El acuerdo de intentar ir a una PASO fue el hilo conductor de la reunión. La idea de legitimar un candidato a través de los votos suena prolija. Pero nadie sabe si el Gobierno tendrá los números para suspender o eliminar las primarias. Si no hay PASO, la opción de una interna abierta genera más dudas que certezas: problemas de padrones, logística y, sobre todo, miedo a que se transforme en un nuevo campo de batalla. Sergio Uñac insiste con esa salida, pero el resto la mira con recelo. Mientras tanto, la rosca sigue girando y el tiempo se va consumiendo.

El núcleo del problema es más profundo. El vínculo entre Cristina Kirchner y Axel Kicillof está roto. No se ven desde octubre del año pasado. El gobernador no está dispuesto a ir a San José 1111 a rendir cuentas. Solo acepta hablar de temas puntuales de la fuerza política y después sigue con su Movimiento Derecho al Futuro por su lado. Máximo Kirchner y Kicillof se dieron un abrazo en la reunión, según contaron algunos. Pero eso no cambia nada. El pasado pesa demasiado. Uno no perdona lo que considera una traición a su madre. El otro no olvida lo que vio como un sabotaje permanente a su gestión. Ya no se quieren ni se confían. Solo fingen porque el futuro electoral los obliga. Nadie sabe cuánto puede durar esa comedia.

CFK prefiere la fragmentación del espacio o la disputa abierta antes que convalidar una sucesión

CFK prefiere la fragmentación del espacio o la disputa abierta antes que convalidar una sucesión

Y acá aparece el verdadero problema de la oposición: siguen bajo el ala de Cristina Kirchner aunque ella reste. La condena firme, el rechazo de amplios sectores de la sociedad y el desgaste de más de una década de kirchnerismo no parecen ser suficientes para que el peronismo se anime a cortar el cordón. Prefieren seguir mirándola como el faro, aunque cada vez que aparece el debate se envenena y el electorado se aleja. Esa dependencia los muestra débiles, anclados en el pasado y sin capacidad de renovación real.

Lo más grave es que, en lugar de ofrecer algo nuevo, siguen repitiendo los mismos hits que la gente ya no compra. Ricardo Quintela, por ejemplo, vuelve con la idea de expropiar. Como si en 2026 todavía hubiera margen para vender que el Estado tiene que quedarse con empresas o recursos sin que eso genere rechazo inmediato. Juan Grabois, por su lado, insiste con el indulto a la condenada expresidenta. Una propuesta que no solo choca con el sentido común de gran parte de la sociedad, sino que reabre heridas y confirma que el peronismo no terminó de procesar su propia derrota. Y Axel Kicillof, mientras tanto, vuelve a flotar la idea de imprimir para financiar lo que haga falta, como si no hubiera quedado claro que esa receta es una de las principales generadoras de inflación. Parece no entender, o no querer entender, que la gente ya vivió esa película y no está dispuesta a verla otra vez.

Estas propuestas no son errores aislados. Son la expresión de un espacio que no logra actualizarse. Mientras el resto del país discute cómo estabilizar la economía, atraer inversión y recuperar poder adquisitivo, el peronismo sigue ofreciendo las mismas soluciones de siempre: más Estado, más emisión, más enfrentamiento. Y encima lo hace en medio de una interna en la que todos desconfían de todos. La mirada milimétrica al “compañero” que al mismo tiempo es enemigo, el temor permanente a la traición y las cuentas pendientes personales convierten cualquier intento de unidad en una foto de ocasión.

El Presidente encuentra en lo impresentable de la oposición su mejor oportunidad de reelección.

El Presidente encuentra en lo impresentable de la oposición su mejor oportunidad de reelección.

Desde la perspectiva del escenario político actual, la fragmentación y las disputas internas de la oposición se han transformado en uno de los activos más valiosos para el oficialismo de cara a las próximas contienda electorales. Mientras las principales figuras del peronismo concentran sus esfuerzos en internas por el liderazgo, la distribución de espacios de poder y las alianzas estratégicas, la gestión gubernamental encuentra un terreno fértil para contrastar su narrativa. Este contexto le permite al Poder Ejecutivo consolidar un mensaje enfocado en dejar atrás las viejas prácticas y señalar los costos de las gestiones anteriores.

La falta de cohesión y la desconfianza mutua dentro del arco opositor resultan difíciles de disimular ante la opinión pública. Las diferencias sobre la conducción estratégica y el rumbo político del espacio no solo desgastan la construcción de una alternativa unificada, sino que también son percibidas con claridad por el electorado. Esta dinámica favorece al Gobierno al proyectar la idea de que la oposición carece de un proyecto integral renovado y se encuentra atrapada en discusiones de índole personal o partidaria.

De cara al horizonte de reelección, la clave para el oficialismo reside en capitalizar este escenario sin descuidar los desafíos propios de la gestión pública. La capacidad de presentarse como la única opción de cambio depende en gran medida de que el peronismo continúe sin resolver sus dilemas de conducción. Mientras la oposición siga enfocada en disputas internas, el Gobierno mantendrá la ventaja de confrontar directamente contra un modelo pasado en lugar de competir contra una propuesta alternativa sólida.

Quedan meses clave

La oposición tiene que ordenar una estrategia para las elecciones provinciales desdobladas. Tiene que decidir a quién apoyar en cada distrito y cómo evitar que las internas locales se transformen en guerra total. Intentar acercar a gobernadores que hoy están lejos, como Sáenz, Jaldo y Jalil, aunque el cristinismo los prefiera bien lejos. Kicillof habla de ampliar el peronismo y sumar a Llaryora, a los Valdés, a Passalaqua. Uñac trabaja más artesanalmente desde el Senado. Todos reconocen que hay que romper el molde actual. Pero ninguno parece dispuesto a soltar de verdad el lastre que representa seguir dependiendo de Cristina Kirchner.

La cumbre pudo haber sido el principio de algo nuevo. Depende de la muñeca de los protagonistas. Hasta ahora, lo que se ve es una oposición que no termina de encontrar el rumbo, que repite fórmulas que ya no convencen y que se debilita a sí misma con sus desconfianzas. Mientras tanto, Milei observa y encuentra, en esa debilidad, el mejor escenario posible para 2027. El peronismo tiene interrogantes de sobra. Lo que le falta es la decisión de responderlos sin mirar hacia atrás.

 

Por Luis Rodriguez


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