La comunidad de Campo Quijano sigue conmocionada por el femicidio de Natalia Cruz, un caso que expone las grietas en la búsqueda de justicia para las víctimas de violencia de género en la región.
Orlando Serapio, el principal sospechoso, desapareció tras el hecho y, pese a los esfuerzos iniciales, la investigación parece estancada. Fuentes cercanas al caso indican que el hombre pudo haber planificado su escape con antelación, llevándose elementos esenciales como su teléfono y ropa adecuada para el frío de las zonas montañosas.
La última comunicación conocida de Serapio fue con su familia, donde admitió haber cometido un grave error y pidió que cuidaran a sus hijos, un detalle que añade drama a esta historia de violencia intrafamiliar tan común en provincias como Salta. La camioneta abandonada en la ruta 51, camino a San Antonio de los Cobres, es la única pista tangible hasta ahora. Los peritos descartaron rutas alternativas por su mal estado, enfocando la búsqueda en un área más acotada, pero el terreno agreste y el clima adverso complican todo.
Entre las hipótesis que manejan los encargados de la pesquisa, una gana terreno: que Serapio no esté solo en su fuga. Si sigue con vida, es probable que reciba apoyo logístico, quizás para esconderse en parajes remotos o incluso intentar cruzar fronteras hacia países vecinos como Chile o Bolivia, un riesgo latente en esta zona fronteriza del noroeste argentino. La idea de un suicidio en áreas inhóspitas no se descarta, pero la falta de hallazgos la debilita día a día.
El operativo montado tras encontrar el vehículo fue intenso al principio, pero se diluyó rápido por limitaciones en recursos humanos y tecnológicos, un problema recurrente en operativos policiales en Salta. Críticas no faltan al manejo judicial: el registro en la vivienda familiar fue superficial, sin secuestrar dispositivos que podrían revelar comunicaciones clave, pese a la confesión de la madre sobre una charla post crimen.
Mientras la familia de Natalia y vecinos salen a las calles en marchas silenciosas pidiendo celeridad, el caso resalta la urgencia de mejorar las respuestas estatales ante el femicidio en Argentina. En un contexto donde Salta registra altos índices de violencia machista, esta búsqueda no solo busca a un prófugo, sino que pone en jaque la efectividad de las fuerzas de seguridad para proteger a las mujeres y cerrar ciclos de impunidad.