La denuncia pública de una madre encendió la alarma en Córdoba luego de que asegurara que su hija, de 14 años, fue mordida por un grupo de jóvenes que se identifican como “therians” a la salida del colegio. El episodio, que habría ocurrido en las inmediaciones de un establecimiento educativo de Jesús María, no fue denunciado formalmente ante la Policía, aunque tomó estado público en las últimas horas y abrió un debate sobre este fenómeno juvenil que crece en distintas ciudades de Argentina.
Según relató la mujer, todo ocurrió cuando la adolescente salía de clases. En ese momento, un grupo de tres o cuatro chicos con máscaras comenzó a rodearla. Primero, dijo, actuaban como si fuera una broma: la olfateaban y la perseguían entre risas. La joven pensó que se trataba de un juego o de compañeros disfrazados, hasta que uno de ellos la mordió en el tobillo.
La chica vestía pollera y sintió el dolor de inmediato. Intentó defenderse con una patada y salió corriendo del lugar, asustada por la situación. De acuerdo al testimonio de la madre, su hija no logró identificar con claridad a quienes la abordaron, en parte por el miedo y en parte porque llevaban el rostro cubierto.
El dato que más sorprendió a la familia es que la adolescente no contó lo ocurrido en el momento. Recién tiempo después, cuando comenzaron a circular noticias sobre grupos de therians en el país, se animó a hablar. Hasta entonces, solo le pedía a su madre que la acompañara al colegio, sin explicar con precisión los motivos. La mujer interpretó ese pedido como una cuestión habitual de cuidado, pero luego entendió que detrás había temor a que la situación se repitiera.
Pese a la repercusión que generó el caso, fuentes policiales confirmaron que no existe, hasta ahora, una denuncia radicada por este hecho. Es decir, no hay una investigación formal en curso. La exposición pública se dio a partir del testimonio de la madre en un medio local, lo que impulsó el debate en redes sociales y grupos de padres.
El episodio volvió a poner en foco el fenómeno de los therians en Argentina, una tendencia que en las últimas semanas ganó visibilidad, sobre todo en grandes centros urbanos. Se trata de personas —en su mayoría adolescentes y jóvenes— que aseguran sentirse identificadas con un animal no humano y adoptan conductas vinculadas a ese “terotipo” en su vida cotidiana.
Quienes se reconocen como therians sostienen que su conexión con determinado animal es profunda e involuntaria. Algunos lo describen como una experiencia espiritual; otros, como algo vinculado a lo psicológico o identitario. Entre los animales más mencionados aparecen lobos, perros y zorros.
En ciertos casos, relatan atravesar episodios conocidos como “shift”, momentos en los que dicen experimentar una disminución de su percepción como humanos y una intensificación de impulsos o conductas asociadas al animal con el que se identifican. Algunos incluso aseguran tener sensaciones físicas como “extremidades fantasma”, es decir, la impresión de poseer cola, garras u otras partes del cuerpo inexistentes.
Más allá de las vivencias individuales, especialistas en adolescencia advierten que muchas de estas expresiones se desarrollan en comunidades virtuales, especialmente a través de redes sociales como TikTok e Instagram. Allí comparten videos, códigos propios y experiencias, lo que refuerza el sentido de pertenencia grupal.
En ese contexto, la frontera entre una expresión identitaria y una conducta que puede resultar invasiva o violenta se vuelve un punto sensible. En el caso denunciado en Córdoba, la madre insistió en que su hija no interpretó de inmediato la situación como peligrosa porque creyó que se trataba de una broma. Sin embargo, la mordida marcó un límite claro.
La ausencia de denuncia formal abre interrogantes sobre cómo deben abordarse este tipo de episodios. Desde el punto de vista legal, cualquier agresión física, incluso si se produce en el marco de un “juego”, puede constituir un hecho punible. Pero para que intervenga la Justicia, es necesario que exista una presentación concreta ante las autoridades.
En paralelo, el caso también generó debate entre padres y docentes acerca del acompañamiento a los adolescentes frente a nuevas subculturas digitales. Muchos reconocen que se trata de fenómenos que avanzan más rápido que la capacidad de comprensión de los adultos, lo que a veces deja a los chicos sin herramientas claras para distinguir entre juego, performance y agresión.
En distintas provincias argentinas ya se registraron situaciones polémicas vinculadas a grupos que adoptan conductas animales en espacios públicos. Si bien en la mayoría de los casos no pasan de puestas en escena o encuentros entre jóvenes con intereses comunes, algunos episodios despertaron preocupación cuando involucraron a terceros que no participaban de la dinámica.
Por ahora, el hecho ocurrido en Jesús María se mantiene en el terreno del testimonio público. No hay actuaciones judiciales ni imputaciones, pero sí una inquietud creciente en la comunidad educativa donde asiste la adolescente. La familia, según trascendió, prioriza el bienestar de la chica y evalúa los pasos a seguir.
Mientras tanto, el fenómeno therian continúa expandiéndose como parte de un mosaico más amplio de identidades juveniles que encuentran en internet un espacio de validación y visibilidad. El desafío, coinciden especialistas en convivencia escolar, es garantizar que cualquier forma de expresión no vulnere derechos ni ponga en riesgo a otros.
El caso, aunque aislado y sin denuncia formal, dejó planteada una pregunta que resuena entre padres y docentes: hasta dónde puede considerarse una manifestación identitaria y cuándo se convierte en una agresión. En ese límite difuso se juega no solo la comprensión de nuevas culturas juveniles, sino también la responsabilidad de prevenir situaciones que puedan derivar en daños físicos o emocionales.